La dialéctica del abismo: humanidad, poder y derecho en la confrontación entre Luigi Ferrajoli y Raúl Zaffaroni
Reporte sobre el encuentro de estudios “Crisis global y justicia penal”, organizado por el Instituto de estudios penalísticos “Alimena” de la Universidad de Calabria y por la Universidad de Bari
1. Prólogo: dos gigantes al borde del precipicio
El encuentro de estudios celebrado el 17 de noviembre de 2025, organizado por el Instituto de estudios penalísticos “Alimena” de la Universidad de Calabria en colaboración con la Universidad de Bari, ha representado un momento de densa expresión intelectual. El título del encuentro anuncia un tema que no deja espacio para interpretaciones minimalistas: “Crisis global y justicia penal: la humanidad entre poderes y garantías”. Los protagonistas del debate fueron dos de las figuras más imponentes del pensamiento jurídico contemporáneo: Luigi Ferrajoli, teórico del garantismo y padre del constitucionalismo global, y Eugenio Raúl Zaffaroni, maestro del pensamiento crítico latinoamericano e historiador del poder punitivo. El encuentro, moderado por el Prof. Giuseppe Losappio e introducido por los saludos de los Profesores Gian Luigi Gatta y Mario Caterini, se desarrolló en un contexto histórico que fue definido como “dramático” por todos los participantes. No fue un mero encuentro académico; fue un diagnóstico despiadado de una civilización que parece haber extraviado los frenos inhibitorios de la razón jurídica. Queremos analizar ahora la confrontación entre estos dos maestros, poniendo de manifiesto cómo, aun partiendo de biografías intelectuales y geografías distintas (la Europa del racionalismo iluminista para Ferrajoli, el “margen” latinoamericano marcado por el colonialismo para Zaffaroni), llegan a un diagnóstico común sobre la patología del presente, a pesar de divergir en las terapias y en las esperanzas para el futuro.
2. El contexto: la crisis de la civilización y el populismo penal
Antes de adentrarnos en el vivo del duelo dialéctico, es fundamental comprender el terreno sobre el que se movieron los ponentes. Gian Luigi Gatta, en los saludos iniciales, pintó un cuadro sombrío del panorama legislativo italiano y global. Denunció una «torsión cognitivista» del sistema penal y un populismo punitivo que utiliza el derecho como instrumento de consenso electoral. La mención del “Decreto seguridad” y la introducción compulsiva de nuevos delitos evidencian un derecho penal «unidireccional»: fuerte con los débiles (criminalidad callejera, etc.) y débil, si no ausente, con los poderosos (como, por ejemplo, con la abolición del abuso de autoridad).
Mario Caterini, organizador del evento, elevó aún más el nivel, encuadrando el diálogo en la “macrohistoria”. No se trata solo de leyes equivocadas, sino de una crisis sistémica en la que el poder punitivo en ciertos casos se manifiesta como un hecho «brutal y selectivo», con una raíz profundamente colonial, como lo subrayó Zaffaroni. Es en este escenario de “poderes salvajes” que se inserta la confrontación: por un lado, la deconstrucción radical de Zaffaroni, por el otro, la construcción normativa de Ferrajoli.
3. Raúl Zaffaroni: el realismo del ‘margen’ y el jurista como “Cruz Roja”
El pensamiento de Raúl Zaffaroni, que emergió con fuerza durante el encuentro, está imbuido de un realismo desencantado, arraigado en la experiencia del Sur del mundo. Para Zaffaroni, la ciencia jurídica penal tradicional padece de un vicio capital: es “normativizante” y niega, a menudo, la realidad.
3.1. La naturaleza del poder punitivo
Zaffaroni rechaza la visión aséptica del derecho penal. Para él, el poder punitivo no es un mecanismo neutro de justicia, sino un instrumento de verticalización de la sociedad. Este transforma el cuerpo social en algo similar a un ejército, corporativizando las relaciones y preparándolas, en última instancia, para la guerra. Su análisis es antropológico e histórico: el colonialismo no es un accidente del pasado, sino la matriz misma de nuestro sistema punitivo. Citando el ejemplo de la colonización española, Zaffaroni explicó cómo las estructuras bélicas nacidas de la guerra contra el Islam fueron transferidas a las Américas, creando un continuum entre guerra y pena. Para Zaffaroni, “pena” y “guerra” son hechos políticos de poder estrechamente vinculados; más poder punitivo significa sociedades más jerárquicas y más propensas al conflicto bélico.
3.2. La crisis económica como motor
Un punto crucial del pensamiento de Zaffaroni es la identificación de las causas profundas de la crisis actual, que no son jurídicas, sino económicas. Él apunta a la financiarización del capitalismo. A diferencia del viejo capitalismo productivo de Henry Ford, con el que era posible negociar, el sistema actual está dominado por tecnócratas que deben maximizar la renta en el menor tiempo posible. Este sistema irracional, que produce dinero del dinero sin pasar por la producción, es la verdadera “resistencia” contra cualquier intento de racionalización jurídica.
3.3. El rol del jurista: contención y “mala conciencia”
Frente a este diagnóstico, la propuesta de Zaffaroni parece quizás modesta, pero esencial. Si el derecho penal es una “patología”, la tarea del jurista no es legitimarlo, sino actuar como la Cruz Roja en el campo de batalla. El derecho penal debe servir para limitar los daños, para contener la violencia del poder punitivo con el fin de garantizar un espacio de supervivencia a la dinámica social. No se trata de cambiar el mundo con el código penal (una omnipotencia adolescente), sino de evitar que el poder punitivo destruya todo. Es una función de resistencia, de creación de una “mala conciencia” en el poder.
4. Luigi Ferrajoli: el optimismo metodológico y la Constitución de la Tierra
Si Zaffaroni mira a las raíces podridas del sistema, Luigi Ferrajoli mira al horizonte normativo necesario para evitar la catástrofe. Su intervención es un manifiesto del racionalismo jurídico que no se rinde ante la fuerza bruta de los hechos.
4.1. La ambivalencia del derecho
Ferrajoli reconoce la verdad del análisis de Zaffaroni: el derecho penal puede ser la ley del más fuerte e instrumento de guerra (como en los regímenes totalitarios). Sin embargo, insiste en la ambivalencia del derecho. Junto a su rostro demoníaco, el derecho posee un “deber ser” constitucional: puede ser la ley del más débil (el imputado, la víctima, el detenido). La función del jurista es defender este modelo normativo contra la realidad efectiva.
4.2. Guerra y crimen: una oposición conceptual
Aquí emerge la principal divergencia teórica con Zaffaroni. Mientras el jurista argentino ve continuidad entre guerra y pena, Ferrajoli afirma su oposición conceptual radical: el derecho es la negación de la guerra. Tratar el crimen como guerra (como hizo Bush después del 11 de septiembre o Israel después del 7 de octubre) es un error catastrófico que legitima el terrorismo y rebaja al Estado al nivel de los criminales. Para Ferrajoli, recuperar la distinción entre la lógica del enemigo (guerra) y la lógica del ciudadano (derecho penal) es vital.
4.3. La Constitución de la Tierra
La respuesta de Ferrajoli a la crisis global de los “poderes salvajes” (mercados, multinacionales, soberanismos) es el proyecto de una Constitución de la Tierra. Dado que los poderes decisivos (económicos y tecnológicos) han superado los confines estatales, también el derecho debe hacerlo. No se trata de una utopía, sino de la única alternativa racional al suicidio colectivo (nuclear o climático). Ferrajoli propone un “federalismo garantista” que limite la soberanía de los Estados e instituya garantías globales para los bienes comunes (paz, medio ambiente, etc.).
5. Puntos de contacto y divergencias: análisis crítico
La confrontación entre los dos Maestros revela una dialéctica fascinante, que Losappio define como el encuentro entre “conos invertidos”: caminos diferentes que arriban a un terreno común.
5.1. Las convergencias: el diagnóstico y la urgencia
A pesar de las diferencias teóricas, Zaffaroni y Ferrajoli comparten un diagnóstico idéntico. En primer lugar el miedo como motor: ambos confiesan un sentimiento de miedo por la dirección que ha tomado el mundo. La crisis no es técnica, sino existencial y concierne a la supervivencia de la especie; la crítica a los poderes salvajes: ambos identifican en los poderes económicos supranacionales (que Zaffaroni llama “aparato financiero” y Ferrajoli “nuevos dueños del mundo”) a los verdaderos enemigos de la democracia y de los derechos; la necesidad de desarmar el mundo: en una sintonía operativa, Ferrajoli propone una convención global para la prohibición de las armas, y Zaffaroni adhiere, aun subrayando las enormes y quizás insuperables resistencias del complejo militar-industrial; los crímenes de sistema: Ferrajoli introduce el concepto de “crímenes de sistema” para fenómenos como el calentamiento climático, no tratables por el derecho penal clásico, pero que deberían ser estigmatizados como crímenes. Zaffaroni concuerda en la necesidad de emancipar el debate público de la subalternidad al solo código penal.
5.2. Las divergencias: ontología vs. deontología
La verdadera fractura reside en la relación entre ser y deber ser.
Zaffaroni, que defiende la primacía del ser, es un realista radical. Mira a la historia y ve que el poder punitivo es estructuralmente violento y beligerante. Su desconfianza en el derecho como instrumento de transformación («del derecho penal no haremos mutar la geopolítica») lo lleva a una posición defensiva. El jurista es un reductor del daño.
Ferrajoli, que afirma la primacía del deber ser, es un normativista. Reconoce el horror de la realidad, pero se niega a aceptarla como “natural”. Para él, la distinción entre descripción (lo que sucede) y prescripción (lo que debe suceder) es sagrada. Aunque el derecho penal ha sido usado como guerra, no debe serlo. La suya es una “construcción” proyectual.
Esta divergencia se cristaliza en el intercambio sobre la guerra contra el terrorismo. Zaffaroni afirmó: «no podemos negar el vínculo histórico entre guerra y pena». Ferrajoli replicó: «son conceptos opuestos, confundirlos es la victoria del terrorismo». Zaffaroni describió la patología como fisiológica en la historia; Ferrajoli insistió en mantener la fisiología (el derecho) como freno a la patología, incluso cuando esta parece arrasar con todo.
6. Conclusiones: el legado de la confrontación
El encuentro del 17 de noviembre de 2025 nos ha entregado un mensaje potente e inquietante. El optimismo ingenuo está desterrado. Tanto Zaffaroni como Ferrajoli concuerdan en que la humanidad se encuentra ante una encrucijada definitiva: o un despertar de la razón o la catástrofe. Sin embargo, sus “recetas” son diferentes, pero complementarias. Necesitamos el realismo de Zaffaroni para desenmascarar las hipocresías del sistema, para comprender que el derecho penal nunca es neutro y para reconocer las raíces económicas de la violencia institucional. Sin esta crítica “deconstructiva”, el garantismo corre el riesgo de convertirse en un ejercicio retórico ciego ante las relaciones de fuerza reales. Al mismo tiempo, tenemos una necesidad vital del optimismo metodológico de Ferrajoli. Sin un horizonte normativo, la crítica realista de Zaffaroni corre el riesgo de deslizarse en la resignación. Ferrajoli nos recuerda que el derecho, incluso cuando es violado, sigue siendo la única gramática posible para una convivencia pacífica. La imagen que emerge es la de una humanidad bajo asedio. Por un lado, la “máquina” financiera y militar descrita por Zaffaroni, que muele ganancias y prepara guerras; por el otro, la frágil arquitectura de la razón jurídica defendida por Ferrajoli. En conclusión, este encuentro no ofreció soluciones fáciles, pero estableció una tarea para los juristas y para la sociedad civil. Como sugirió Losappio, quizás estamos en la época en que el “poder de los derechos” ha perdido contra el “derecho del poder”. Sin embargo, la síntesis entre la resistencia de la “Cruz Roja” (Zaffaroni) y la proyección de la “Federación de la Tierra” (Ferrajoli) representa la única estrategia de supervivencia. Ya no se trataría de aplicar el derecho, sino de refundarlo a escala planetaria para desarmar los poderes salvajes que amenazan la existencia misma de la especie. Como apostilló Ferrajoli: «La verdadera utopía es pensar que el mundo sobreviva si no hay un despertar de la razón».






